Distintos expertos apuntan a la robótica experimental como una disciplina con un gran potencial para innovar la educación de los niños. Paul Verschure, investigador de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, explica que está experimentando en distintos institutos, junto a su equipo, un modelo basado en la construcción, programación y el estudio de robots como “vehículo” para la enseñanza de distintas asignaturas.

Verschure asegura que así un niño puede “aprender de matemáticas, de físicas, biología y hasta filosofía y ética”, porque esta tarea permite a los alumnos tener interés y motivación para explorar todos estos ámbitos. Artur Coll, maestro e ingeniero informático con el que ha contactado este periódico, escribió en un artículo de 2016 que la robótica permite plantear nuevos retos a los alumnos, lo que estimula su creatividad y capacidad de trabajar en equipo para encontrar soluciones a esos desafíos.

Coll aseguraba que países como Reino Unido, Letonia y Australia están introduciendo la programación en los currículos escolares y también se han realizado algunos proyectos experimentales de este tipo en España. “La programación y la robótica educativa no son la panacea ni la respuesta a todos nuestros problemas, no tienen el monopolio del desarrollo de las habilidades que hemos ido desgranando, pero son una herramienta útil y han venido para quedarse”, concluía.